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jueves, 5 de marzo de 2026

PARQUES NACIONALES: 480.000 hectáreas que son PURO TESORO

España custodia un tesoro que trasciende las guías turísticas convencionales y se manifiesta en la fuerza de sus paisajes más puros. Detrás de cada cordillera, humedal o bosque milenario, existe un compromiso con la vida que se ha tejido durante más de un siglo. Entender la magnitud de nuestra Red de Parques Nacionales es descubrir un mapa de asombro donde la geografía se convierte en un santuario vivo, recordándonos que la verdadera riqueza de un país se mide por la salud de sus ecosistemas.

La protección ambiental en España no es una tendencia reciente, sino una herencia con visión de futuro que nació en las cumbres. En 1918, el país se situó a la vanguardia de la conservación europea al declarar sus dos primeros parques: Picos de Europa (Asturias, León y Cantabria) y Ordesa y Monteperdido (Huesca).

Esta decisión pionera no solo salvaguardó los macizos calizos y los valles glaciares más emblemáticos de la península, sino que estableció una filosofía de respeto que ha perdurado durante más de cien años. Proteger estos espacios desde principios del siglo XX ha permitido que hoy podamos caminar por los mismos senderos prístinos que recorrieron nuestros antepasados, manteniendo intacta la esencia salvaje de la alta montaña.

La declaración de Picos de Europa y Ordesa en 1918 no fue sólo un acto administrativo, sino una promesa de custodia eterna sobre nuestras cumbres más sagradas, asegurando que el eco de sus valles no se apague con el paso de los siglos.

La Red de Parques Nacionales de España está compuesta actualmente por 16 joyas naturales que forman un mosaico de biodiversidad inigualable. La superficie total protegida bajo esta máxima figura legal supera las 480.000 hectáreas. Más que una cifra imponente, estas hectáreas representan un "transecto de vida" que conecta realidades geográficas opuestas. No se trata solo de un pulmón verde; es un corredor ecológico que garantiza la supervivencia de especies críticas y protege procesos naturales que van desde las profundidades marinas hasta las cumbres más elevadas. Esta red es nuestro seguro de vida frente al cambio climático y el refugio donde la naturaleza dicta sus propias leyes.


El archipiélago canario es, sin duda, el escenario más fascinante de la red. Es la comunidad autónoma con mayor concentración de parques nacionales, albergando el 25% de los espacios protegidos de este rango en España. Desde las selvas de bruma de la laurisilva hasta los campos de lava que parecen extraídos de otro planeta, su diversidad es sobrecogedora:

  • Caldera de Taburiente: Isla de La Palma (Provincia de Santa Cruz de Tenerife). Declarado en 1954. Un inmenso circo de cumbres y nacientes de agua.
  • Teide: Isla de Tenerife (Provincia de Santa Cruz de Tenerife). Declarado en 1954. El techo de España, dominado por el contraste entre la nieve y la roca volcánica.
  • Timanfaya: Isla de Lanzarote (Provincia de Las Palmas). Declarado en 1974. Un paisaje lunar de arenas rojas y malpaís donde el calor de la tierra aún es palpable.
  • Garajonay: Isla de la Gomera (Provincia de Santa Cruz de Tenerife). Declarado en 1981. Un bosque de leyenda envuelto en un mar de nubes constante.

La red de Parques Nacionales en España no es una estructura estática, sino un sistema dinámico que sigue identificando los valores naturales más excepcionales de nuestro territorio. Mientras que el siglo XX sentó las bases con la protección de las grandes cordilleras y humedales, el siglo XXI mantiene vivo ese impulso.

La incorporación más reciente a esta selecta lista es la Sierra de las Nieves en Málaga, declarada en 2021. Este hito subraya que el compromiso de España con su patrimonio natural sigue creciendo y adaptándose a los nuevos retos ambientales, blindando ecosistemas únicos como los bosques de pinsapos para las futuras generaciones.

La verdadera magia de la red reside en su capacidad para representar la complejidad biológica de nuestra geografía. El mapa nos permite viajar por contrastes radicales:

  • La influencia oceánica: Las Islas Atlánticas de Galicia (2002), con los archipiélagos de Ons, Cíes, Sálvora y Cortegada, protegen un paraíso de aguas gélidas y colonias de aves marinas.
  • Los oasis de agua dulce: Espacios críticos como Doñana (1969) o las Tablas de Daimiel (1973) actúan como paradas obligatorias para miles de aves migratorias.
  • El monte mediterráneo: En el interior peninsular, parques como Monfragüe (2007) en Cáceres y Cabañeros (1995) entre Toledo y Ciudad Real, conservan la esencia de la dehesa, el vuelo de los buitres negros y el bramido del ciervo.
  • Ecosistemas Marinos y de Montaña: Desde el santuario marino del Archipiélago de Cabrera (1991) hasta los lagos glaciares de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici (1955) o las nieves perpetuas de Sierra Nevada (1999).

Estas más de 480.000 hectáreas son, en última instancia, nuestra herencia más valiosa y democrática. Son espacios de paz, de investigación científica y, sobre todo, de reconexión con lo que somos. Cada visita a estos parques es un recordatorio de que somos custodios de un legado que debemos entregar intacto a quienes vendrán después.

Tras redescubrir la inmensidad y la historia de nuestra red natural, queda una pregunta por responder: ¿Cuál de estos 16 santuarios será tu próxima parada para reconectar con lo esencial?

©Emilio J. Orovengua

lunes, 12 de abril de 2021

"YA ES NAVIDAD" EN LA DEHESA EXTREMEÑA.

Ellas son consideradas los sustitutos de los antiguos bosques. Ellas pueblan lo que eran antes los campos de labor en las tierras extremeñas. Ellas no son consideradas como buenas para la ganadería y el laboreo. Ellas llaman al fuego al ser pirófitas. Ellas son las que componen el sotobosque mediterráneo. A ellas les gusta los suelos ácidos y no los calizos. Ellas no son precisamente un atractivo turístico….A pesar de todo, y gracias a ellas, los Montes y las Sierras de Extremadura  aparecen "nevados” cada primavera.

Las Jaras (Cistus ladanifer), plantas arbustivas, leñosas y perennifolias,  llenan los campos de Extremadura de un moteado blanco, cual nevada hubiera acontecido minutos antes. 


Junto con Escobonales, Cantuesales y Brezales forman una policromía en nuestras sierras dignas del más bello lienzo paisajístico.


Este es un espectáculo natural  aún no tiene nombre, pero que el día que se sepa admirar esta belleza, efímera, eso sí, Extremadura sumará un punto más a esa nota sobresaliente que ya tiene en recursos naturales y turísticos.

©Emilio J. Orovengua

sábado, 23 de enero de 2021

EL BOSQUE MEDITERRÁNEO I: FLORA MEDITERRÁNEA

En esta primera parte , intentaré hablar de la forma general, pero a la vez lo más rigurosa posible, sobre lo que comprende el ecosistema mediterráneo, sobre todo el extremeño, incluyendo, claro ésta, su Flora y Fauna y la importancia que tienen plantas y animales para el mantenimiento del equilibrio ecológico en el bosque mediterráneo, sin dejar a tras la incidencia que ha tenido y tiene el hombre sobre este tipo de hábitat tan peculiar.

El bosque mediterráneo gobierna la mayor parte del territorio español, a excepción de la franja norteña donde el clima y las condiciones ambientales son distintas y donde reina sobre todo el clima y el Bosque Atlántico. A su vez, el bosque mediterráneo está caracterizado por un clima donde destaca la irregularidad de las precipitaciones a la largo del año, según la cual los meses más lluviosos se corresponden con el otoño y la primavera, seguido de un verano seco donde las precipitaciones brillan por su ausencia y es cuando se dan las mayores temperaturas.

En esta primera parte les contaré algo sobre la flora que adorna nuestro bosque mediterráneo, haciendo una clasificación de los vegetales más representativos y de la importancia que tienen en relación a otros organismos. De forma general, el bosque mediterráneo es un ecosistema formado básicamente por plantas perennifolias y una gran diversidad del estrato arbustivo.

Todo el bosque mediterráneo está adaptado para sobrevivir al exigente clima que éste posee, y sobre todo la mayoría de sus adaptaciones van encaminadas a evitar la perdida del agua en los calurosos días de verano. Están adaptadas a la extrema sequía y para ello han desarrollado una serie de estructuras que les permiten sobrevivir a la sequía del estío. La más sobresaliente es que todos los árboles mediterráneos poseen hojas esclerófilas, es decir, hojas con una cutícula dura e impermeable para no perder agua. También poseen unos estomas (válvulas de transpiración en las hojas) que se sitúan en el envés de la hoja (parte de abajo) en unas pequeñas cavidades rodeadas de pelos.

Los árboles más representativos son :

La Encina (Quercus rotundifolia), pertenece a la familia de las Fagáceas. Posee un tronco grueso y corto, con una copa que se distribuye ampliamente y su fruto es la bellota. Es un árbol perfectamente adaptado a vivir sobre los suelos más dispares y con condiciones climatológicas muy versátiles ( está mejor adaptado que el alcornoque).


Encina

El Alcornoque (Quercus suber), pertenece a la misma familia que la encina, pero tiene características propias que lo diferencian de la encina. Aunque su porte y tamaño es muy similar al de la encina, se distingue porque su corteza es mucho más gruesa de donde se extrae en corcho o suber. Su fruto es la bellota y aunque es un árbol típico español y portugués, también se encuentras en otras zonas como las Balcánicas. Es un árbol adaptado al clima mediterráneo, pero no se encuentra en suelos cálcicos (con cal). Puede decirse también del alcornoque que es uno de los árboles más evolucionados del bosque ibérico, ya que el corcho no es sido una protección contra el fuego que esta especie de fagácea a desarrollado a lo largo de los siglos.

Alcornoque


También hay Acebuches (Olea europeae), Castaños (Castanea sativa y Aesculus hippocastanum) y otros muchos árboles no autóctonos de este bosque, que aunque no son tan representativos como la encina o el alcornoque, cumplen una función vital para el mantenimiento de este bosque.

Pero si algo distingue el bosque mediterráneo del resto de ecosistemas es la de plantas arbustivas y matorrales, todos consecuencia de la degradación y la degeneración de bosques enteros de encinares y alcornocales :

Jarales : La presencia de jaras en el ecosistema mediterráneo es debido a la degeneración de encinas y alcornoques. Puede decirse que los jarales son sustitutos de bosques. Habitan en suelos ácidos haciendo difícil la proliferación de otras especies. Principalmente ocupan las extensiones de bosques que han sido arrasadas por el fuego. El jaral mediterráneo está constituido básicamente por una especie, la Jara Pringosa ( Cistus ladanifer).

Flor de la Jara Pringosa



Madroñales : Los madroños son arbustos con un tamaño considerable y que habitan lugares frescos de las sierras donde antes existía el alcornoque. Los madroñales están compuestos básicamente por una especie, Arbustus unedo. 

Madroñera llena de madroños


Brezales : Aunque su distribución y su abundancia no es mucha, reina sobre todo en las umbrías de las sierras, en lugares frescos y con una cierta humedad. Su especie más sobresaliente es la Erica australis



Brezal en la umbría serrana


Escobonales y Retamares : De forma general, predominan en los llanos mediterráneos las Retamas (Retama sphaerocarpa), acompañada a veces por Escobonales de la especie Cytisus scoparius. Ambas especies son beneficiosas para el pastoreo y la ganadería, ya que poseen la capacidad de fijar nitrógeno atmosférico gracias a unos nódulos que poseen en sus raíces y que permite obtener a la planta una sencilla y beneficiosa fuente de nitrógeno en forma de amoniaco que posteriormente utilizará para formar las partes verdes de la planta (sobre todo hojas).

Retama en plena floración


Junto con los Tomillares, Cantuesales y algunos Tamujares, todos estos sistemas de matorral adornan el suelo del ecosistema mediterráneo, acompañados en las alturas por encinas y alcornoques, fundamentalmente.

Su importancia ecológica para el mantenimiento del ecosistema mediterráneo es vital. Los grandes árboles como encinas y alcornoques alimentan la fauna omnívora y herbívora del bosque mediterráneo con su energético fruto, la bellota, además de servir como lugar de anidación de multitud de rapaces mediterráneas entre las que destaca el Águila Imperial Ibérica . El matorral mediterráneo por su parte permite la supervivencia de innumerables animales (sobre todo aves) durante la estación fría, además de ser el refugio o cobijo de muchos micromamíferos, gracias a la producción de frutas y frutillos tales como madroños y bayas de distintas clases. Esto a provocado que las aves de pequeño tamaño cambien su hábito alimenticio durante el invierno para no tener que migrar a otros lugares en busca de su sustento habitual. Y aquí es donde radica la importancia del matorral, gracias a éste hay vida en el bosque mediterráneo durante el invierno. Pero además de servir de alimento a pajarillos, los frutillos también permiten la supervivencia de carnívoros...

©Emilio J. Orovengua.

martes, 1 de agosto de 2017

ALCORNOQUES Y ENCINAS: REYES Y REINAS DEL BOSQUE MEDITERRÁNEO.

Sierra de San Pedro, Extremadura, 4 de la tarde, un día cualquiera de la segunda quincena de Junio…

El silencio en las horas vespertinas en el monte mediterráneo sólo lo rompe el estridente sonido de  los cantos amorosos de las cigarras. Una familia de ciervos ibéricos pasan la siesta extremeña a la sombra de un imponente alcornoque jadeando, esperando que pasen las horas de más calor y caiga el atardecer para acudir fieles a su cita diaria en el abrevadero.

Cigarra

El estío  extremeño, mediterráneo, roza lo inhumano a estas horas…Sobrepasa la resistencia de muchos seres vivos, colapsa la respiración y estrangula la fisiología de los cuerpos hasta casi deshidratarlos. Todos los seres vivos, se han tenido que adaptar a estas condiciones estacionales tan excepcionales y duras, especialmente las vegetales al carecer de movimiento y permanacer perpétuas desde que nacen.

La Encinas y Alcornoques son algunas de estas especies vegetales que soportan este calor infernal verano tras verano y crean ese mosaico único, eficiente, que es la Dehesa Extremeña que alimenta reses y ganado y que se proclama como una distribución cuasi-perfecta donde conviven la fauna doméstica y salvaje en armonía.

Un corderito con hambre...

Reyes y Reinas, Alcornoques y Encinas ¿Qué los hacen tan especiales para poder sobrevivir? Ambas especies han evolucionado a lo largo de milenios para adaptarse a estos cambios climatológicos estacionales tan extremos. Cada especie, en su parcela; han sido capaces de desarrollar  y adaptar estructuras y estrategias fisiológicas , modificar sistemas internos o crear escudos ignífugos para protegerse de una de las lacras de los veranos españoles: los incendios forestales.

La Encina, es una especie de árbol que pertenece a la familia de las Fagáceas, familia a la cual pertenece también el Alcornoque, el Castaño o el Roble. Es uno de los árboles con mayor dispersión y abundancia en el Sur de Europa donde  el Clima Mediterráneo impone sus duras condiciones tanto en verano como en invierno, tanto por sus temperaturas como por la pluviosidad anual. Ante esta adversidad, esta fagácea ha desarrollado sorprendentes estrategias de supervivencia, dignas de un náufrago en una isla solitaria…

Encina

Estas son las increíbles adaptaciones desarrolladas la Encina para soportar los tórridos calores estivales:
  • ESTRUCTURA. Si miramos una típica en perspectiva, veremos que se parece más a una seta que a un rascacielos. Raramente superan los 18 metros de altura, su porte es bajo y su hermosa copa está sustentada por un tronco ancho y poderoso. Esta forma “achaparrada”, de ahí en muchas zonas del sur peninsular se las llame “chaparro o chaparra”, tiene sus ventajas: Proporciona una buena sombra al tronco leñoso y al perímetro de suelo en la base que cubre, disminuyendo la temperatura de una forma más eficiente que por ejemplo, un castaño. Es un árbol de hoja perenne, no renuevan sus hojas cada año con el cambio de estación, sólo cuando éstas pierden su función caen del árbol. Esto es una ventaja en condiciones de poca agua, ya que renovar todo el follaje con recursos hídricos tan limitados condenaría a la muerte a estos árboles. La intensa radiación solar que soportan estos árboles en verano también los ha hecho adaptarse para que sus hojas se dispongan de una forma desordenada y perpendicular al suelo, no de forma horizontal como es lo que habitualmente vemos en los árboles de un parque. De esta forma, minimizan la incidencia directa de la luz solar sobre sus hojas y esquivan su radiación, así evitan deshidratarse.
  • HOJAS. En las hojas está la clave de “la superresistencia” de esta especie vegetal. Pura ingeniería de fisiología vegetal. Las hojas de las encinas son muy pequeñas, se ha reducido para tener un máximo de eficiencia con el mejor tamaño posible. De la encina se dice que es una especie vegetal esclerófila y este nombre proviene de que sus hojas están recubiertas por compuestos céreos lo que provoca el endurecimiento de su cutícula. Además, este tejido foliar está enriquecido con lignina, lo que también aumenta este endurecimiento del tejido esclerinquimatico. Sus estomas se sitúan en el envés de las hojas, protegidos por una masa de pelillos blanquecinos. Y todo esto ¿Para qué? Para evitar la evapotranspiración, o lo que es lo mismo, minimizar al máximo la pérdida de agua, así de esta manera queda más agua dentro del árbol para cuando tenga necesidad.
  • FOTOSÍNTESIS. Las Encinas, también han adaptado su “alimentación” a través del proceso fotosintético para cuando las condiciones de calor son extremas. Realizan la fotosíntesis en las primeras horas del día o ya cuando cae el ocaso, durante el resto del día, a 40 grados de temperatura o más, cierran sus estomas y reducen este proceso al mínimo.
El Alcornoque, el segundo protagonista de este artículo, ha desarrollado estrategias diferentes que la Encina para soportar los calores extremos estivales, aunque con el mismo fin: evitar deshidratarse.

Alcornoque

Alcornoque descorchado


Estas son las increíbles adaptaciones desarrolladas del Alcornoque para soportar los tórridos calores estivales y sobrevivir tras un incendio forestal:
  • ESTRUCTURA. Los Alcornoques llegan a medir hasta 25 metros de altura y su copa no resulta tan generosa como la de la Encina, aunque su función frente al calor. Es un árbol con hoja perenne, y estas hojas poseen tricomas (pelillos) que aumentan el aislamiento y son capaces de retener las pequeñas gotas de rocío aunque haya muy poca humedad.
  • EL CORCHO. La corteza suberosa del Alcornoque es una estructura que aisla, recubre y protege a esta especie vegetal frente a las condiciones extremas. Tiene la misión natural de protegerlo frente a los numerosos incendios que cada año, y cada vez con más frecuencia, se dan en el periodo estival en la Península Ibérica. Si en las Encinas la clave está en su hojas superespecializadas, en los Alcornoques la clave está en “la piel” que lo recubre…Se produce a partir del felógeno desde el interior del árbol hacia el exterior donde se transforma en suber o felema, una estructura compuesta de células muertas llenas de un gas similar al aire y es el 90% de volumen de las mismas. El Corcho es una especie de esponja con compartimentos estancos rodeados de una pared celular de suberina y cerina que lo hacen ignífugo, flexible, blando. ¿Y qué ocurre cuando el fuego abrasa un Alcornoque? Pues que la parte interna de la corcha se cierra por efecto del calor y evita la entrada de oxígeno y la combustión, protegiendo las partes internas del árbol y rebrotando en la siguiente estación. Gracias a estos poderosos escudos naturales, la supervivencia de un alcornocal está por encima del 70% tras el paso de un incendio, dependiendo eso sí, del espesor de su corteza y de cuando se haya producido su descorche o “saca”.

Alcornoques abrasados. A día de hoy siguen vivos.

Distintas estrategias para sobrevivir en los extremos climáticos del bosque mediterráneo, que según las últimas investigaciones del Departamento de Ecología de la Universidad de Córdoba, irán a más en los próximos 100 años provocando la desaparición de muchos de estos “reyes y reinas” y reduciendo el bosque mediterráneo a matorral y arbustos, todo ello por el efecto del Cambio Climático y el aumento de las temperaturas.

¿El futuro del Bosque Mediterráneo...?

©Emilio J. Orovengua

martes, 13 de diciembre de 2011

LA MUERTE DEL ALCORNOQUE "EL ABUELO"

Más de 500 años desplomados de golpe y porrazo sobre la dehesa. Es lo que ha pasado con el alcornoque de la finca La Herguijuela, uno de los árboles declarados singulares por la Junta de Extremadura. El domingo día 4 cayó a plomo.

No aguantó más el peso de unas ramas cuya poda estaba especialmente vigilada por los agentes de medio ambiente, un exceso de proteccionismo que al final ha dejado en el aire la duda de si se le hubiera podido alargar o incluso salvar la vida si se le hubiera aplicado con mesura la tijera.

El propietario de la finca en la que estaba ubicado, en el entorno del Parque Nacional de Monfragüe, cuenta que hace veintitantos años el árbol estaba sano y con vitalidad. «Con el montón de ideas proteccionistas que aparecieron dejamos de sacarle el corcho; los biólogos de la Junta aconsejaron no tocar un árbol tan singular para de esta forma no causarle ningún estrés», explica Miguel Cremades. A partir de ese momento, el ejemplar empezó a verse atacado por hongos en su corteza, a perder vitalidad y aparecieron el gusano 'cerambys' y las ramas secas.

A pesar de ello, hace 10 años el personal de la finca probó a hacerle una poda muy discreta que consiguió que ganase algo de vitalidad.«Enseguida vinieron los agentes medioambientales a decirnos que cómo habíamos hecho aquello sin su permiso, con lo que no hemos vuelto a ocuparnos del árbol con las consecuencias que ahora vemos», confiesa Cremades, que cree que la muerte de este alcornoque debería servir para replantearse si la política forestal que se aplica en Extremadura es la adecuada.

Este Abuelo recién fallecido es lo que los expertos califican como un rodal selecto. Se trata de un árbol padre del que se han ido repartiendo hijos por toda Extremadura. Ahora, tendido sobre la dehesa del norte de Cáceres, se le han estado buscando bellotas con las que crear un pequeño vivero que le otorgase todavía más pervivencia, pero no se ha encontrado ni un solo fruto.

Los daba en mejores tiempos, cuando era un árbol sano al que se también se le sacaba buen corcho, una práctica que se dejó por miedo a las restricciones a las que su singularidad legalmente obligaba.

Su muerte limita a treinta el número de árboles que cuentan con esta calificación en toda la comunidad autónoma. Ejemplares que se encuentran dentro de un selecto grupo que viene a representar la aristocracia de la botánica regional.

Se les distingue por ser distintos de los demás, ya sea por su envergadura, edad, rareza en lo que se refiere a número o distribución, por tener un desarrollo particular, sitio en el que se encuentran ubicados, especificidades científicas o por estar relacionados con eventos históricos, culturales o populares de interés. Una distinción en cualquiera de los casos que no acarrea para sus propietarios beneficio económico alguno y sí la obligación de limitar la actuación sobre ellos.

Así queda recogido en la Ley de 1999 que desarrolló esta declaración de singularidad. Un texto en el que se indica que no se pueden cortar, arrancar ni dañar. Sus dueños deben someterse a la autorización de la administración en el caso de que quieran aplicar tratamientos silvícolas o fitosanitarios, o bien aprovechar sus frutos y corcho.

Es lo que pasaba hasta hace dos días con este 'Abuelo', un nombre que también se aplica a muchos otros árboles que cuentan con la misma protección.

FUENTE: HOY.es

domingo, 11 de mayo de 2008

FLORA MEDITERRÁNEA




Gordolobo




Ojo de Buey




Esparraguera




Galactites


Chumbera


Zarzamora


Detalle Hoja de la Zarzamora


Jaramagos

Alcornoque


Encina




Bellotas de Encina

Acebuche (Olivo Silvestre)


Nueza
Torvisco
Diente de León


Cantueso

Dedalera

Carrasco de Encina
Trebol estrellado

Viborera
Lágrimas de Job

Jaguarzo morisco
Durillo


Avena Loca

Malva Silvestre

Manzanilla Loca

Rusco


Brezo


Amapolas


Ahulaga


Flor de Jara Pringosa

Flor de Escobón Morisco

Escobonales


Castaño

Detalle hojas del Castaño

Tamuja

Tamujares 

Detalle hojas de Tamuja

Encina afectada de "la Seca"

Madroñera

Madroños

Piña de Pino Piñonero

©Emilio J. Orovengua