lunes, 23 de febrero de 2026

TIBURONES EN EL MEDITERRÁNEO: 450 millones de evolución en peligro.

Cuando imaginamos el Mar Mediterráneo, nuestra mente suele dibujar postales de aguas mansas, sombrillas coloridas y el bullicio de las vacaciones estivales. Sin embargo, bajo ese espejo azul que creemos conocer tan bien, late una realidad mucho más antigua y salvaje. En el silencio de las profundidades habitan depredadores que perfeccionaron su arquitectura biológica e instintos mucho antes de que el primer ancestro humano caminara sobre la Tierra. 

Aunque el cine y el desconocimiento nos lleven a verlos como extraños o intrusos peligrosos, ellos han custodiado estas aguas desde tiempos inmemoriales; nosotros somos apenas unos recién llegados en un hogar que ellos han mantenido en equilibrio durante eones.

La presencia de los tiburones en nuestro planeta es uno de los mayores hitos de la resiliencia evolutiva. Mientras que la historia de nuestra civilización se mide apenas en milenios, estos animales han sido testigos de extinciones masivas, colisiones continentales y cambios climáticos radicales, sobreviviendo con una eficiencia pasmosa."Los tiburones habitan nuestros mares desde hace más de 450 millones de años."


Esta cifra, extraída directamente de los registros geológicos y biológicos, es abrumadora. Los tiburones ya patrullaban los océanos 200 millones de años antes que los primeros dinosaurios. Su diseño hidrodinámico y sus sistemas sensoriales son tan perfectos que apenas han necesitado modificaciones en millones de años. Resulta descorazonador reflexionar sobre cómo una estirpe que ha resistido los embates del tiempo profundo está siendo diezmada en apenas un suspiro de la historia por la actividad humana.

Resulta sorprendente para el público general, e incluso para muchos habituales del mar, descubrir que el Mediterráneo es un punto caliente de biodiversidad para los elasmobranquios. A pesar de ser un mar semicerrado y sometido a una presión antrópica extrema, alberga alrededor de 45 especies de tiburones.

Esta riqueza biológica incluye desde filtradores gigantes como el Tiburón peregrino (Cetorhinus maximus) hasta nadadores de gran potencia como el Tiburón zorro (Alopias vulpinus). La invisibilidad de estos animales no es casual; su comportamiento suele ser esquivo y evitan activamente el contacto humano. Esta discreción, que les ha servido para sobrevivir durante millones de años, es hoy su mayor debilidad: lo que no se ve, no se valora, y lo que no se valora, rara vez se protege.

Debemos observar con rigor la jerarquía de amenazas establecida por la Lista Roja de la UICN. La situación en el Mediterráneo es crítica y se divide en distintos niveles de urgencia:

  • En Peligro Crítico: Esta es la categoría de mayor alarma, donde el riesgo de extinción es inmediato. Aquí encontramos al Tiburón blanco (Carcharodon carcharias), al Tiburón toro (Carcharias taurus) y a la Tintorera (Prionace glauca).Existe una ironía cruel en el hecho de que el Tiburón blanco, el depredador alfa más icónico y temido del imaginario colectivo, sea hoy poco más que un "fantasma" en el Mediterráneo, un habitante tan escaso que cada avistamiento es un evento científico excepcional.
  • En Peligro: Especies con una reducción poblacional muy severa, como el Tiburón peregrino (Cetorhinus maximus) y el Tiburón zorro (Alopias vulpinus).
  • Vulnerable: En esta categoría se sitúa el Cazón (Galeorhinus galeus), una especie históricamente común que hoy sufre un declive preocupante, debia a su pesca masiva ya que su carne es muy utilizada en la cocina y la restauración.

Pero pocas cosas son tan peligrosas como el vacío de información. Existen especies cuyas poblaciones en el Mediterráneo están catalogadas como de "Información insuficiente". Entre ellas se encuentran:

  • Marrajo (Isurus oxyrinchus)
  • Tiburón martillo común (Sphyrna lewini)
  • Tiburón cobrizo (Carcharhinus brachyurus)
  • Tiburón sedoso (Carcharhinus falciformis)

Este estatus no es una buena noticia; es una señal de alarma. La falta de datos suele ser el resultado de la indiferencia institucional y la escasez de fondos para la investigación. No podemos diseñar planes de gestión efectivos ni delimitar áreas marinas protegidas si desconocemos sus rutas migratorias o sus santuarios de cría. La ignorancia es, en este caso, una sentencia de muerte silenciosa.

El declive de estos animales no se debe a factores naturales, sino a un modelo de interacción con del ser humano con el mar o el océano que resulta insostenible para especies de crecimiento lento y madurez tardía.

  • Cercenamiento de las aletas: Una práctica atroz que ignora la biología del animal, desechando el cuerpo y eliminando individuos de un ecosistema que los necesita para mantener la salud de las poblaciones de peces.
  • Plásticos: Los microplásticos se bioacumulan en sus tejidos, mientras que los macroplásticos causan obstrucciones digestivas letales.
  • Redes fantasma: Representan la amenaza más insidiosa. Para muchas especies de tiburones, el movimiento es sinónimo de vida debido a la ventilación por ramificación (necesitan nadar constantemente para que el agua oxigenada pase por sus branquias). Al quedar atrapados en estas redes abandonadas, los tiburones mueren por asfixia en una agonía invisible que puede durar años mientras el aparejo sigue "pescando" por su cuenta.

El destino de los 45 tipos de tiburones que habitan el Mediterráneo depende de un cambio radical en nuestra percepción cultural. Debemos sustituir el miedo atávico al "monstruo" por el respeto científico hacia una pieza clave de la biodiversidad marina.

Tras 450 millones de años de éxito, es nuestra generación la que ostenta la dudosa responsabilidad de decidir si este legado biológico termina bajo nuestra vigilancia. ¿Permitiremos que el Mediterráneo se convierta en un mar biológicamente mudo o seremos capaces de proteger a sus guardianes más antiguos? El futuro de estos depredadores, y por extensión el de nuestro mar, depende de la mirada que decidamos proyectar sobre ellos hoy.

©Emilio J. Orovengua

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