miércoles, 14 de septiembre de 2016

PRONTO, MUY PRONTO...

El mes de Septiembre avanza, los días son cada vez más cortos y comienzan a aparecer las primeras tormentas locales que avisan de que algo está cambiando. Pronto, muy pronto el monte mediterráneo palpitará con los “cantos amorosos” de los Ciervos Ibéricos.

Es tiempo de BERREA, es tiempo de lucha, es tiempo de entrega y fatiga de los machos de esta especie ibérica que llenarán “las manchas” de jaras y brezos de berridos con el único fin de ser los vencedores en la titánica lucha que se llevará a cabo en los claros de las dehesas y los arenales de los bordes de los ríos, rompiendo con violencia cuerno contra cuerno donde los más grandes, los mejor preparados, los más fuertes sean los que trasmitan sus genes a las generaciones venideras.

Ellas, las Ciervas, encargadas de gestar el resultado de la recombinación de sus genes con los del macho más poderoso, callan, pero son realmente las que mandan. Apartadas, silentes como si con ellas no fuera la cosa, son las responsables de que todo esto ocurra aquí y ahora, son las que activan el deseo sexual y de procreación de los machos con el único objetivo de que cuando nazcan las crías el recurso alimenticio esté en su máximo, primeramente para ellas durante la lactancia y posteriormente los pastos para el desarrollo de sus retoños.

Probablemente este sea uno de los eventos más espectaculares que se dan en el monte mediterráneo y que cada vez atrae a más turistas a escuchar los sonidos guturales que estos majestuosos ungulados nos brindan cada comienzo de otoño en el Parque Nacional de Monfragüe y en la Sierra de San Pedro, por nombrar dos de los enclaves más importantes de toda España para deleitarse con esta “batalla musical” de poder a poder tan peculiar.

©Emilio J. Orovengua

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